Cómo trabajamos cada consulta que llega desde una casa de barrio
La mayoría de los mensajes que recibimos empiezan igual: alguien mira una silla del comedor con el tapizado gastado, una cómoda de nogal con la laca opaca o un sillón heredado que necesita estructura y tela nueva. Antes de proponer cualquier intervención, ordenamos la información y dejamos por escrito qué se va a hacer y en qué orden.
Diagnóstico por escrito
Cada pieza se revisa primero sin intervenirla. Anotamos el estado de la estructura, la humedad, las uniones flojas y el tipo de terminación que la cubre. Ese registro queda como punto de partida y evita decisiones apuradas sobre la madera.
Materiales y tiempos a la vista
Antes de empezar se detallan los materiales previstos, los productos de terminación y los tiempos reales de trabajo, incluyendo las esperas de secado entre manos. Nada de plazos prometidos: se trabaja al ritmo que pide cada pieza y cada tela.
Documentación de cada etapa
Fotografiamos el proceso sin retoque: la madera lijada, la primera mano de lustre, el armado del tapizado. Esas imágenes acompañan las notas y sirven para que quien sigue el oficio desde su casa vea cómo se comporta el material en cada paso.
Comunicación clara y sin adornos
Las respuestas van por correo o por teléfono según lo que resulte más cómodo. Si una pieza conviene conservarla antes que restaurarla, lo decimos. Si una tela no resiste el uso diario de una casa con movimiento, también.
Criterios de oficio, no promesas
Lo que compartimos son procesos y criterios tomados de carpinteros, tapiceros y decoradoras locales. No publicamos casos con nombres ni resultados medibles, y no prometemos acabados ni plazos que dependan de factores que no controlamos.